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martes, 22 de enero de 2008

Un estilo

Los ochenta casi se terminaban, y yo seguía con mi jogging rojo y negro, los championes y la vandana atada en la muñeca. Otros tenían la suerte de tener botitas topper (verdes eran las de Maxi, que era surfista y músico), algunas amigas se animaban a hacer una segunda perforación en su oreja para doble caravana o algún vidú, y todos tratábamos de evitar las sanciones familiares por romper nuestros vaqueros.

Mis vacaciones eran acampando en Piriápolis (para salir de noche en la larga caminata para bailar en Vértigo, o a tomar algo a la galería donde tocaban los que después serían Mona Lisa), pero también nos gustaba ir al medio de la nada al Arroyo Pando - pues se podía acampar en cualquier lado.

Born in the USA, Rasguña las piedras, Tirá para arriba, Cleopatra la reina del twist, Mi novia se cayó en un pozo ciego, musicalizaban nuestras reuniones en casas de amigos con padres tolerantes, donde compartíamos cervezas y cigarrillos mentolados.

Chetos/Conchetos, Terrajas, Hippillas, Punks, Reventados, Afiliados a la UJC, estaba bueno, había para elegir.
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viernes, 18 de enero de 2008

Tar Jeteando

Recién en el laburo dijeron al pasar “che, que cosa al pedo” y por asociación de ideas me vino a la mente la Tarjeta Joven.
Que forreada tan grande que fueron las primeras, ¿no?
Cuado las anunciaron, parecía que los adolescentes prácticamente íbamos a vivir de arriba gracias a los espectaculares descuentos que nos iban a dar solo por tener voz aguda y granos en la cara, por lo que obviamente salí corriendo a sacarla.
Me acuerdo que cuando llegué al lugar donde te las daban (frente al Templo Ingles, lo que es igual al orto del mundo) era como estar en el set de filmación de la Guerra de los Mundos.
Cientos de pendejos frenéticos haciendo cola, desesperados por la tarjetita como si en eso se fuera la vida, como si en el final hubiese una nave espacial que los iba a llevar gratis a Neptuno.
Claro, era la primera tarjeta que teníamos y nos sentíamos importantes. El que la conseguía la ponía bien a la vista, cosa que todos vieran que era el uno porque en la billetera tenía algo más que la cédula y el carné de socio del Bohemios.
Dejate de joder, cuando vi el librito con los paupérrimos beneficios que ese gobierno ladri daba a los jóvenes, me vinieron ganas de usar la tarjeta para abrirme las venas.
Descuentos del 5 y 10 por ciento en compras de zapatos, ropa de marca, libros, dentista, paseos en pony, vueltas en las lanchitas a pedal del Parque Rodó y viajes a Europa. O sea, cosas que me importaban tres quinotos porque de última la ropa, los zapatos y el dentista me los pagaban mis viejos y de lo demás hasta el día de la fecha no he hecho usufructo.
Pero todo eso son nimiedades comparadas con el hecho de que los beneficios aplicaban solo a las compras contado.
Ya el que tus viejos no sacaran tu ropa en 12 cuotas era de potentado, y si eras un adolescente con guita seguramente ni siquiera eras uruguayo, por lo que tampoco te correspondía la tarjeta.
No se tu, pero yo… nunca tenia un peso. En la mochila estaban la boletera, la cédula, papelitos con teléfonos (no habían celulares, que queres), los trencitos de los escritos y globeros de tutti frutti.
Entonces, si de verdad me querías hacer un favor, me hubieses hecho descuento en cigarros sueltos, un chorizo de carrito, media docena de bizcochos, condones, cerveza, entradas a la pista antiboliche del Platense y un predio en el camping de Atlántida. No me vengas con beneficios en viajes a Amsterdam y textos de Física de quinto.
Yo igual la seguí sacando hasta que me salieron patas de gallo, para hacerle un gasto al estado y para refregarles a todos que todavía la sociedad me consideraba joven.
Igual creo que con los años se fue perfeccionando y agregaron más cosas. Inútiles también, pero muchas en definitiva.
Bueno, a no ser tan mala onda, a alguien le debe haber servido la tarjeta.
A mí… de posavasos, por ejemplo.

jueves, 17 de enero de 2008

Con sabor ochentoso

Una de las cosas que más recuerdo de mi adolescencia en los 80’s es la diversidad de personalidades que había de acuerdo al tipo de música que escuchabas. Era un derroche de exotismo por doquier.

Primero, estaban los pop. Los pibes practicaban la caminata lunar de Michael Jackson en el parquet recién encerado con las medias de plush del liceo. Las minas se colgaban crucifijos y se pintarrajeaban a más no poder en un intento de parecerse a Madonna. Ninguna lo consiguió.
Si eras New Romantic, adorabas a grupetes como Duran Duran, Spandau Ballet, Human League, The Cure, etc etc. Parte del look estaba en pintarse los labios y ojos y usar peinados altos con buenas pilchas. Supongo que ese fue el origen del metrosexual de ahora, o sea que podemos inferir que Beckham es un producto del New Romantic, además de ser un producto en sí mismo.
Los archi mega enemigos de los newros eran los metaleros, a los que trataban de mugrientos y terrajas.
Por otra parte, los metaleros eran la antítesis de los New Romantic. Se bañaban una vez por semana, tenían los pelos largos, cadenas y actitud bravucona. Cuando escuchaban a Metallica, Iron Maiden o AC/DC sacudían el pelo como si estuviesen en pleno ataque hemipléjico. Decían que los New Romantic eran putos y nenes de mamá.
Los surfistas vivían en una nube de pedos. Por supuesto que su grupo de culto eran los Beach Boys. Curiosamente eran todos rubios parejito, pero para mi que se teñían porque era mucha coincidencia que todos fuesen descendientes de alemanes. Como solo pensaban en la playa y en la resina de la tabla de surf, ni cortaban ni pinchaban. Estaban ahí, nomás.
Claro que habían muchas mas categorías, por lo que para el adolescente de los 80’s elegir a que grupo pertenecer no era moco de pavo.

Yo era New Romantic y no me avergüenzo en decirlo.
Adoraba a Robert Smith y quería casarme con él (o con John Taylor de Duran Duran en el caso que Robert me dijera que no).
Lo mas lindo de ser newro era presenciar las tales piñatas que se armaban con los metaleros en la puerta de Fantasía. En realidad, eran los metaleros los que venían a buscar camorra, nosotros estábamos en el boliche tranquilos y ellos se venían desde el Náutico hasta ahí solo para molestarnos.
Claro que siempre perdíamos porque ellos venían armados con cadenas y tachas y nosotros lo único que teníamos para defendernos era un tubo de fijador de pelo. No importa porque igual les dábamos batalla a los patoteros esos.
Bah, yo hablo como si hubiese participado de las peleas, en realidad el que iba para adelante era mi novio (que dicho sea de paso era re parecido a Boy George). Yo me limitaba a limpiarle la sangre y a recogerle los dientes del piso.

Ahhh, que linda época… como se ha perdido todo eso. Los adolescentes de ahora se pasan en el ciber y cada día están más nerds y opas. Es por eso que nunca llegarán a ser los adultos grossos, geniales y capos que somos nosotros.